Se prolonga a lo largo de toda la vida
El crecimiento y desarrollo en todas las dimensiones de nuestra persona es un proceso continuo que comienza desde nuestro nacimiento y se extiende a lo largo de toda la vida. Al acoger la opción de dar respuesta a la llamada de Dios siendo hermano marista, orientamos todo nuestro proceso de aprendizaje y formación hacia ese único fin, guiados siempre por el Espíritu Santo y acompañados. de diversas maneras de acuerdo con la etapa de la vida en la que nos encontremos (cf. C 62). La formación no se detiene en un punto específico ni en ningún momento de nuestro caminar vocacional, sino que se traduce en una experiencia constante de transformación para responder a los cambios y desafíos que se nos puedan presentar, manteniéndonos fieles al proyecto de Dios para cada uno de nosotros.