Cerca de la fiesta de Todos los Santos de 1824, se le pidió al P. Champagnat dejar su cargo de coadjutor de La Valla. Hasta entonces, mientras se construía l’Hermitage, subía cada sábado por la tarde a La Valla para confesar y celebrar la misa el domingo . Al dejar de ser coadjutor se dedicó exclusivamente al servicio de la comunidad marista.10 En su carta “¡Reivindiquemos el espíritu del Hermitage!”, el Hno. Seán Sammon, comenzando con la cita de Isaías 51,1, “fijaos en la roca de la que fuisteis tallados”, reflexiona sobre el significado de la experiencia de la construcción de N.D. de l’Hermitage: “¿Qué trajo consigo todo aquello? Una serie de sucesos y relatos memorables, que fueron entretejiendo un tapiz donde se plasmaba el espíritu que rodeaba a la fundación: la visible protección de María; la eucaristía cotidiana; la “capilla del bosque”; Marcelino y sus hermanos cortando la roca con energía y entusiasmo, mientras uno del grupo leía en voz alta textos sobre espiritualidad; la comida sencilla; el descanso de la noche en el destartalado granero. Estos elementos, sumados a otros muchos, moldeaban las relaciones de aquellos jóvenes e iban dando una forma única a nuestro carisma. Cada día que pasaba se percibía con más nitidez qué significaba ser marista.”